sábado, 12 de febrero de 2011
EL RECREO DE LOS VALLES.
“La simetría perfecta se formaba entre un amplio valle precedido por una abrupta caída de una ladera, sobrevolada por aves.
Esta escena, este lugar, se le presento en su ascenso. El que ascendía; un joven, piloso, de pantalones amplios, barba larga, collares hechos de hilo colgando de su cuello y largos rulos que hacían a su pelo.
Al verla, y desprevenido por esta muestra de dibujos naturales y, como queriendo desandar el atajo que lo había llevado hasta allí, miro el cielo, se corto los rulos.
Las aves marcaban el comienzo de este otro espacio, parecían mecánicos helicópteros de una fuerza área imperial que podían yacer en el mismo lugar de la plataforma etérea. Se acerco, aún con ganas de volver hacia atrás, a la cornisa sobrevolada por las aves que separaban los lugares, las sintió de cerca y se fue… con miedo; sobre todo se fue por sentirse extraño a ese miedo que parecía provenir de estas aves grises, gigantes, con alas desplegadas y de mirada perspicaz; que proferían un falsete profuso, con acordes agudos y sonido estereo, pero con un significado que hacia vislumbrar que ese aire, y esa simetría dada por el valle y la ladera que dibujaban la armonía de ese otro lugar, pertenecería y seria ocupado siempre, solo por ellas. El que las había visto, ya bajando, buscaba desesperado un camino alternativo; no tenía mapas, ni gps. Tenía solamente sus nociones, el pelo ya corto y una campera de cuero que había encontrado, de pasada, por un refugio. Aparte, por no ser belicista como rambo, carecía de un cuchillo multifuncional para escapadas hacia lugares montañosos y silvestres, como este.
Con una sola noción, su cabeza rapada, la campera de cuero y, preocupándose por buscar otra opción que le sirviera para continuar tranquilo por el lugar que venia disfrutando, emprendió un viaje hacia su noción racional, hacia el calculo, mirando distintos puntos cardinales, tratando de representar en su hemisferio izquierdo el recuerdo lógico del viaje, del trayecto que había recorrido hasta llegar al lugar de la simetría entre el valle y la ladera abrupta. El recuerdo, la razón, servían escasamente. Es que el que había subido estaba todavía estupefacto por el sonido proferido de aquellas aves, por la imagen dada entre el bello valle y su unión abrupta hacia otro lugar, por esa simetría nunca vista. Su razón ante tal contingencia espectacular, parecía desdibujarse. Aún así, siguió bajando, la razón no quería apagar su luz. Para no continuar perdiéndose solo y, junto su razón con poca intensidad, se propuso realizar un viaje fuera de sus hábitos más contemporáneos, más convencionales. Invoco otras nociones, invoco a los sentidos, a las percepciones, a los dogmas paganos y al conjunto de mundos que pueden tomar forma, antes de que la razón pueda adquirir definitivamente la suya; hizo esto para salir de ese lugar, para salir hacia atrás, para volver. No es algo que hiciera todos los días, estaba convencido por ese miedo.
La razón estando débil no se ahuyentó ante la presencia de este conjunto de otras nociones por el invocadas. Este conjunto de nociones soslayadas desde lo cotidiano y de la razón, se tomaron un gran tiempo con el fin de decidir por el. Tuvieron una furiosa y extensa contienda, hasta desparramarlo por el suelo. A los tres días pudo incorporarse, todavía estaba en el bosque, se oían otros pájaros, los que acostumbraba a oír, la contienda había terminado. Con la contienda terminada y movilizado por un impulso, comenzó el mismo recorrido hacia el lugar del que volvía, pero subió más rápido, subía impulsado por algo. Llego a la cornisa. Se presento ante el grito voraz y la perspicaz mirada de las aves, pero el que había vuelto a subir hacia de las cualidades ante oscuras de estas aves, algo más cordial para el. Se acerco. Vio hacia arriba, estaban ellas, miro hacia abajo, había otro valle, pero esta vez, diferente; es que ya la bajada no era tan abrupta y la simetría, bueno, no era tan simétrica como su antigua noción la había visto. Se dio cuenta, después de esta nueva mirada, de que existían dos lugares y varios lugares más donde poder recrearse. Al final por su propensión al vértigo dado por la cornisa, bajo, se subió a su Rambler y se fue sabiendo que varias cosas podían desentenderse y coexistir, aún, en armonía. No creyó más en la palabra miedo.
Comenzó, después, a recrearse valles como el que había visto, a darse cuenta de que las cosas nunca serian iguales.
Al tiempo pudo meterse a un valle por el recreado, se metió demasiado, cambio su estilo bucólico y hippie con el que acostumbraba a subir, por el desenfrenado peinado que hoy, lo hizo punk.
Volvió al lugar de aquella nueva simetría perfecta dada entre el valle y la bajada no tan abrupta. No se supo más sobre el. Varios alpinistas que hoy suben dicen ver ,raros peinados en las aves que sobrevuelan la nueva simetría perfecta dada por el valle y la bajada no tan abrupta, y que sus gritos ,siendo mas graves ,ya no se escuchan en sonido estereo”
Creo, ante todo, que esta obra, la que acabamos de leer, merece un reconocimiento al intento por tratar… Si, tratar, y cuando digo tratar, me refiero a tratar de existir. Creo que hay que reconocerla, pero para no tomarla como ejemplo, no deja ninguna enseñanza Se ve notoriamente que el que asciende por primera vez, era hippie; el que asciende por segunda y ultima vez es el mismo hippie, pero devenido a punk. Elipsis de la que pudo haber prescindido. Aparte ¿que es esa metáfora sobre la bajada abrupta y, no tan abrupta?
Seguramente, esta persona ha escrito este “Recreo de los valles” bajo la influencia de opiáceos. Aparte he notado un intento de poner en el tapete la dicotomía aún no extinta entre la racional y lo místico, lo lógico y lo absurdo, lo reconocido como patrón de lo que sirve y los que no debe de servirnos. No se puede presentar esta dicotomía a través de una forma tan simbólica, prosaica, sin describir más estas escenas que dicen a su lugar.
Tiene un tinte absolutamente surrealista. Aves con sonidos… y no se que otra cosa ¿Dónde se ha visto? Aparte cae en la repetitividad, en la redundancia de vocablos que hacen del argumento algo aburrido y con un final abierto. Necesitamos un genero, lo punk no es un genero, el hippie, si es que quedan, por que yo lo fui, no somos un genero. Necesitamos algo que nos delinee, que nos de línea, que cierre para nosotros. Hubiese sido más sintético haber adaptado esto a una especie de sugerencia cotidiana o, a un refrán, si es que alguien pudiese verlo así. La síntesis mía, de este texto, seria la siguiente y a esta si, tómenla como ejemplo: La simetría que dará armonía sobre tus cosas, dibújala vos.
Bueno. Me voy, espero verlos la próxima, cuando de mi crítica salga la verdad de la primer milanesa hecha. Aquella milanesa hecha con gallina y no con huevo.
Ricardo “El Bastión” Dela Critica
viernes, 4 de febrero de 2011
CUANDO EL TIGRE QUIERE UN COLCHON
Por el bastión Déla critica. Un tipo fino, delineado. Un tipo… bastante idiota.
“El tigre corrió despavorido sobre la sábana. El cazador lo observo con pupilas inyectadas de pavor,extendió los brazos por detrás de su cabeza. El tigre lo vio, estaba cerca. El cazador, al ver que el radio del lugar en donde se encontraba era pequeño y no podía esconderse bajo ningún arbusto, tomo un acolchado color naranja que tenia sobre el, se tapo con este. Sobrevolando el mismo radio de la sábana se vio un cóndor, decrepito este, pero podía volar. Su fuerte grito y sus garras abiertas a vuelo rasante parecían pedir una presa. El tigre detuvo su andar al escuchar aquel grito, no quiso sucumbir ante la voracidad del ave. El tigre advirtió al cazador, lo tenía más cerca, estaban en el mismo radio. El cazador, queriendo tomar su escopeta, con un semblante difuso y blanco, ojeo al tigre. El tigre en un estado similar se lanzo sobre el cazador. El sonido de una bala disparada por el forcejeo, impacto contra el aire. El tigre compartió el calor del acolchado color naranja, acostado, junto al cazador. El cóndor volvió a trinar. El cazador y el tigre reposaron timoratos sobre las sábanas, ante el inminente desenlace fatal. El cóndor no cumplió su designio. El cazador y el tigre continuaron en el mismo lugar. Se conocieron. Al tiempo el cazador salio de ese radio junto al tigre. Presento el tigre ante el resto de
Lo extraño y raro que se presenta en esta historia, que acabamos de leer, es que en ella se ha cambiado la entonación, se ha cambiado la tónica en la silaba de una palabra que se compone precisamente de las mismas letras. Este cambio hace del argumento algo excéntrico y perverso. Habría sido más verosímil si esta historia hubiese comenzado situándonos en la sabana africana, donde el tigre mata al cazador para servirlo al cóndor o que el cazador, tomando su escopeta, dispare hacia el pecho del ave y luego hacia el tigre. Que tuviera un cierre más convencional, un cierre que nos represente, que nos delinee o nos de linea. En fin, como para cerrar…Digamos que la presentación del acolchado naranja ha sido y será por siempre, el lapsus que se presenta en el intro-dirigido mundo, con intentos de polifonía dialogica para un argumento que lo único que intenta propagar es una apología a la zoofilia. Menos mal que el cazador fue encerrado.
¡Upa! Y Como siempre les digo, después de mi análisis… Me voy, creo que he visto, en el análisis aquí presentado, un lindo gatito, que ustedes, no vieron
Ricardo “El bastión” Déla critica
jueves, 27 de enero de 2011
RETROCK
viernes, 21 de enero de 2011
Zanecki, Rosate y los confusos entornos repetidos
Habiendo nacido en una familia de “Clase media” Según expresión de un ganado por alguna ideología, pasaba sus días, las horas de estos días, contando junto a su vecino, la cantidad de pajas que se prendían a la escoba de Rosate. Rosate, su otro vecino, no trashumaba jamás por las veredas del barrio de Zanecki. Generalmente los postigos de su casa estaban cerrados; las ventanas, debajo del marco, luchaban contra la fuerza de los pasadores, pero ahí, en ese lugar profuso de encierro, se encontraba Rosate. Rosate concebía -dice el vecino de Zanecki- aun hoy desconocido, la existencia detrás del monitor. Si, de un monitor pequeño, con fondo azul, que con la ayuda del Mouse y de su entender sobre un ciberespacio, presentaba en su pantalla diferentes sitios de la web 2.0.
Parte del Juego que Zanecki tenía junto a su vecino, era averiguar que hacia Rosate. Estos dos (Zanecki y su vecino) sabían muy bien que el “Misántropo…” Como decía su vecino, pasaba el resto de los días en su casa, no salía. Precisamente, estaba todo el tiempo en su habitación. Desde esta, se oían ruidos extraños, jadeos distorsionados, risas sampleades, apertura de hipervínculos para posibles vínculos carnales y voces con tonos que parecían, por sus sonidos, haber inhalado helio. Rosate ignoraba que había un Zanecki, pero la memoria, que puede funcionar como un rayo previsto en cualquier día nublado, se presentaba en forma de aquellos… de algunos días en los que Rozate se veía paseando, fuera de su casa, junto a otra persona.
Rozate, para no recordarse, se pasaba las horas dentro de su habitación usando las redes sociales, cualquier tipo de red, perteneciente a un tercer entorno de lo real; vivía la virtualidad, dicen, con un peso tan fisco que se había abstraído a ese mundo, en donde todo para el, era tangible. La curiosidad de Zanecki por saber sobre ese espacio que parecía civilizar de otra manera a Rozate, se fundo cuando se vio, solo, junto a su vecino.
Ese día el cielo se dilato bajo el sol, los únicos que lo habían visto eran Zanecki y su vecino. Las nubes comenzaron a endurecerse, comenzaron a perder su volumen, su imagen desprolija, aunque tierna y pura; para transfigurarse en extensas varillas que, caídas del cielo, abducían a los vecinos de la manzana de atrás. Dijo el vecino de Zanecki, que venían abduciendo a todos y que ellos, serian los últimos en ser abducidos. Por lo visto, su vecino, sabía.
Atemorizados por la contingencia tan extraña comenzaron a correr raudamente en círculos, porque corriendo en círculos, seria la única manera de redimirse ante tal suceso, eso, por lo menos decía el vecino de Zanecki. Rápido, Zanecki, alzo su cuello para tomar aire, sus ojos recobraron una mirada recta y en esa línea, vio las puertas de la ventana de la casa de Rozate. Zanecki y su vecino comenzaron a golpearla, a lincharla con fuerza. Mientras Zanecki y su vecino corrían sobre los hilos delgados de la desesperación, se presento un muchacho, una persona, era Rosatte. Zanecki y su vecino, al verlo dijeron “Rozate! ¿Qué haces che?” “¿Queres venir a contar pajas de escoba?”
Rozate no les creyó. Esos muchachos, sabia el, escapaban del objeto que se presentaba en el cielo. Sin vacilar, mirándolo a los ojos, les pregunto “¿Tienen su passward?” Los demás parecían ignorar esta petición.
Zanecki, atemorizado, respondió “Que passward, ni passward. Mira lo que se viene”. El vecino de Zanecki, asintió con su cabeza para dar apoyo. “El passward… ¿Pero que es el passwarrd?” Zanecki aún, insinuando haber estado seguro, necesito preguntar.
Rozate luego explico, de manera clara y rápida, que el passward era una identidad para vivir en otro entorno, sin dejar otros.
Nadie se inmuto.
Zanecki y su vecino, fueron abducidos.
Hoy Rozate, viviendo en otro entorno, dejo de ser Zanecki y muchos se preguntan, si quien genero esa extraña tormenta, fue el vecino de Zanecki.
martes, 14 de diciembre de 2010
LOS QUE NO HUYEN
Y pensaron al poeta
Descartado, alejado, solapado
Por perfiles macro-acústicos
Ventilando las sombras del frió
Sobre un sonido inmenso, incoloro
Se execraron, varios…
Globos
Los inflaron, los resfriaron
Los bajaron, no viajaron
Renacieron…
Hoy
Vuelven en vuelos
Sobre el aire de la imagen
Van hacia dentro
Son
Plenos
Nuevos…
De los núcleos de la idea
Arraigados y prendidos
Estampándose en remeras
Cincelando
En más de uno
Entelequias y, verdades
Mientras el infierno goza las partes
De las artes aparece la prosa
Que te evoca
Que convoca
En los iconos
A los que lejos…
Quedan
martes, 7 de diciembre de 2010
La prosaica manifestación del esteticista de Rambo
"Tan solo dos segundos, y desde adentro
Surgen, se hacen cuerpo, pesan
Dos segundos donde el trueno interno relampaguea a los ojos
Y del microcosmos surge la rareza, lo sorprendente
Somete a la lengua, la persigue, la elabora, la hace ella
Gironean las cabezas
Y en vocablos surgen varios, por dentro, dialogan
El mundo, ya es, un ombligo polifónico
Cruzan peroratas, caen lloviznas; hay enojos
El exabrupto fecunda el antagonismo
Sale el protagonista, lucha por la historia
Conoce su final
Y con razón positiva, el montaje, gana apariencias
En aquello “Lo bueno es eso”
El campo es extenso, hay profundo desierto… música
Se liberan los cerrojos, vuelan los sombreros; pierde el gangster, el matón, el linyera
Un gorila viejo, es quien gana
El ombligo mudo, se abre, emergen, llenos de pus, estos cuentos
Terminan en la convención…El miedo
Nace una nación con su industria oficial
Queriendo estampa de historias clase a
Hollywood, pervive”
Después de haberse manifestado , el esteticista de Rambo , comenzó a mirar otra historia. Comenzó a observar, los films de Jarmursch.
lunes, 29 de noviembre de 2010
DECAPITAR EL TIEMPO
Pensado en alejarse de lo duro, de lo tétrico, enroló su vida junto a una pila inconmensurable de epítetos envueltos en corbatas viejas.
Tomo las llaves de la ignición, fue hasta auto, desgarró sus bisagras, las puertas cayeron. Rió y huyo… acelerándose en fantasías consensuadas por
Había una estructura de quejas noblemente capitales, solemne a todo espacio de sentido que abogaba aquel modelo.Detrás del minuto quejón que al lo había dejado, parado, vislumbrando la escena desde otro lugar, estaba aquello. Pudo escapar. Lo alejaron sus paredes. Quedo solo. Comenzó, dicen algunos, a circunscribir su vida en la introspección permanente, hechizo cada fantasía en el letargo, en la espera; en los inviernos y en las esquinas frías que había pensado. Su relato terminaba, lo había previsto dos días antes de querer alejarse.
Alguien grito. Se paro. Profusamente yerto ,quedó, al escuchar un reloj musitando algún segundeo.
Pagó y dio las gracias. Siguió. Repetirá la tarea