miércoles, 20 de julio de 2011

¡HAGALO, BONZO!

Bonzo iba de realidad en  realidad, queriéndolas mirar con el rabillo del ojo. Las enroscaba, las cruzaba; quería exacerbarlas, explicarlas desde su afán por querer contar el crimen que había percibido, sentido, en el Boulevard sin nombre. La sangre fue el disparo y los coches con sus chapas derruidas, hacían vislumbrar la escasez de todo polen, de todo salto hacia lugares floridos, de todo impulso por parte de el, en liberarse de los tontos cánnones literarios para poder contar.
Un viejo decrepito, cubierto de miasma, de barba andrajosa saliente desde sus prominentes pómulos  y  estando menoscabado por el sonido escatológico de moscas verdes; escribió y violentó cada espacio con el eco de sus palabras, mientras se deslizaba, con su virus, por un suelo llano y lleno de latas polutas , aluminosas , en medio del crimen. Le grito a Bonzo desde su conocimiento u oficio para describir un suceso.
“Para escribir un cuento, relato o nota periodística, es necesario tener un espacio dividido por una placa de yeso, que separe el baño de la maquina en  la cual vayas a escribir el cuento.
Una vez que la maquina encendió verifica si la plantilla de ese Word office responde correctamente. Cuando este programa abrió tu hoja en el monitor; retírate. Dirígete al baño, camina sigilosamente; corre al pibe que canta en la puerta de tu baño; ingresa, llena el bidet de dentífrico, libera el agua fría de su canilla y volvé a sentarte frente al monitor con la plantilla del office en blanco. Comenzá a escribir esto realizado. Pero, hacelo”
El viejo expulso la sangre por su boca y pereció, sabiendo, de que iría a perecer.
Bonzo dejo de recorrer la calle apestada por las viles facultades de la modernidad.
 Junto a su maletín y su saco color marrón, subió al colectivo para dirigirse a la calle 25, calle en la que se reunía junto a demás cronistas, reporteros, fotógrafos, obituarios y demases corresponsales para armar discursos, historias.
Cerro su puerta, camino entre los demás colaboradores de la realidad y antes de entrar, se le presento:
“Mantené la distancia” Le dijo.
Bajo su cabeza y asumió la sugerencia sobre abstenerse de algún tipo de avance por parte del viejo harapiento, se ocupó de esta, de la ultima.
Sujetando su hábito a anomalías externas, internas. Jugando en los tejidos de la clarividencia, la suspicacia y empolvándose de elementos que fueron tactos y raptos para el, sintió y pudo hacer el intento por querer escribir perfumes con aroma a renglones. Pudo alejarse del copete que marcaba cierta oficialidad y centró, con la ayuda de cierto programa analógico, una idea, en su cerebro.
Interminables e intermitentes fueron los compases, los arribos de diferentes oraciones, para plasmar lo que aún no sabia… pero si sabia que quería hundirlas para cambiarlas a un lugar corpóreo, para hacerlas caminar junto al raid delictivo que tenia que comentar.
Su sintaxis tuvo todas las precauciones para ajustarse a una semántica sin saber de metáforas. Quiso y pudo largarse a escribir. Narro lo que vio, para sentarse luego, junto a su botella y a su acido convencimiento de desatarse por lo que había sido abducido, un moderno giro de la norma. Se renegó de la común imposición. Tiro su narración escrita.
Cambio su hoja y alojo el momento en una más pálida, más áspera; mas dura. Vomito primero la figura del flaco que vio caminar alrededor del crimen (El supuesto asesino) después el humo de las armas  fue descrito como si el los respirara. Utilizo la tos, y la sangre para mostrarnos lo que estaba padeciendo la circunstancia y el. Comenzó a correr y a digitar, velozmente con su índice, la longitud del difuso boulevard lleno de facinerosos. Los gritos de las personas que sentadas miraban el suceso, se supieron oír entre sus sintagmas previos a la redacción. Su jefe disparo y desdeño lo que estaría por publicar, lo execró. Termino con lo que quería, quería algo nuevo y absolutamente sofocante, abrasivo y crudo para el lector. Se cubrió de harapos y luego teletransporto su cuerpo al lugar, junto aquel viejo de barba. Jamás volvió a la calle 25. Hoy sus relatos son un antígenero esquivando a toda norma lampiña para eludir el texto.


                                             



jueves, 14 de julio de 2011

Y , SS

Y si en un callejón adusto, se presenta tu imagen, cubre su bisectriz de flores ,tus flores, en raíces,  luego crecerán y serán flores  regocijantes para más de un  conservador adusto.
Y si los improperios homologados por los famas, pretenden amedrentarte, recoge un globo, en el aire, al pasar, será un cronopio, los cronopios están gustosos de ser cronopios.
Y si el miedo recurre al registro civil llamándose Silvina Schenone, sácalo, asústalo; el miedo se asustara con ojos picarescos. Tú eres Silvina Schenone, tú eres, ojos picarescos.
Y si las estructuras se desmoronan, no habrá de que preocuparse, recurre a la teoría de la superestructura ; tómala con las sorpresas cotidianas ¡tus sorpresas! erígela, y arma el sueño material, de sueños, de realidades, de extrañezas.
Y si las lagrimas persisten luctuosas, absórbelas, pero no con tus labios, si no con tus risas
Y si el ascensor universal que debería marcar el piso del cenit pacato,  se atranca, no hay drama, la polea necesitara ahí una mano tuya; sube, muéstrale que hay mas de un cenit.
Y si el reloj marca para atrás, deconstruye la ultima palabra mencionada, retómala y  ponle cuerdas para una nueva tertulia con esa hora perdida, el tiempo perdona, el tiempo te deja, el tiempo se aleja. El tiempo, no sabe de ti.



viernes, 8 de julio de 2011

Cacho Saavedra. La importancia de un adoquin


Esto le paso a Cacho, allá , por el 2008 , cuando se puso en contra del Gobierno Porteño. 

Realizado en conjunto con Matias Lopez.


Cacho le agradece a Julian Marini, Juan Ignacio Ferreyra, Nancy Chamadoira y Juan Aguilar por acompañarlo en su lucha.






Gracias Cacho. Hasta siempre

viernes, 24 de junio de 2011

Eclecticomanos

Llegan ahí,  inventos y expertos al pasar una puerta de madera. Subiendo y pisando escalones de humo. Juntos están. Entran a un cuarto y  un winco , hace girar épocas en un disco de pasta; con posibles…suena jazz y oyen jazz , se atrapan entre sus melodías  , se desvían  y se sientan sobre unas sillas de madera con respaldos rectos. Levantan sus cabezas; cruzan sus piernas y  de frente,  en la pared… grafittis, historias, cuentos e intentos de colores alojados que, indelebles reposan, y a su lado, hibridas naranjas con perfumes de clips plateados, afirmando su extravagancia sobre cajones de manzanas, llevando de sus ombligos muchos hilos de los que penden ilusiones en sacos de te, que inertes, quieren habitar los momentos heterodoxos dando oraciones de su papel para los que leen el cuarto. Y es ahí, después de haber leído, cuando se van.
Cruzan el umbral de una puerta vieja, cambian de marco y recorren, dejándose llevar por pruebas de voces a un micrófono, un patio colonial visitado por una difusa luz roja. Se detienen ante un dj con cara de música, se paran y una señorita, por detrás de ellos, exclama “Ya esta por tocar Caro”.
Una habitación amplia, aloja gente sobre su suelo de madera antigua; unos amplificadores conectados a dos guitarras ansiosas protagonizan y se mimetizan con los pisotones de ellos para el encuentro.  Saben poder acomodarse, acostarse y aunarse  entre los acordes que juntos y verticales, perforan la profundidad del minuto cero mientras se rozan con el resto. La última estrofa de la canción final y las voces impostadas de quienes cantan, se encuentran con aplausos  impulsados por querer escucharse aplaudir.
 El suelo de madera, las naranjas que atan los sacos de te, los cajones de manzana, los vibratos de las baritonas voces  y ellos, se encuentran en perfecta armonía hacia un final previsible.
Salen por la misma puerta de madera por la que habían entrado; recuerdan que a ese lugar habían llegado por que ambos se habían llevado.

Guardados por no haber cantado, se animan en la calle, al estribillo de “There is a light that never goes out”de The Simths Sus luminosas voces connotan las vivencias y romances dados por los encuentros entre las sincronías, energías y dicotomías. Ese conflicto los lleva a extinguirse… a existirse, vivirse.



miércoles, 15 de junio de 2011

CUANDO JOSE TUNTAR ELIGIO A UN ESCRITOR

 Jose Tuntar estuvo durante varias horas sentado sobre su almohadón. El reloj que armaba su tiempo  marcaba las 22:30. El día, uno cualquiera, unos de esos días, los que todos vivimos durante el año 2002. Embate de prejuicios en la tele,  éxodos con exhaustas caras .Muchos rayos catódicos provenientes de la Tv le hicieron mal. Comenzó a revolver su casa, no la revolvía, la caminaba, pero por la velocidad de sus pasos, su casa, a su vista, era un desorden. De repente… vio la biblioteca, un libro, ahí, postrado entre varios; lo saco.

El libro sacado por Tuntar fue: Antologías por Jorge Luís Borges “¿Un genial escritor también se permite tributar a otros grandes?” Se preguntó.
 Por el índice  que fue, su pulgar derecho, abrió el libro en la página 372, leyó encantado a un autor ingles llamado Olaf Stapledon. “Lindo titulo, pero impreciso a la razón de estos tiempos” Se dijo nuevamente Jose Tuntar Historias Universales” El nombre del relato. Lo sorprendió la última sentencia, la última oración de este relato,  decía algo así: Todos los universos se ramifican paralelamente dentro del mismo, aun los tiempos, los universos, aun siendo diferentes, se juntan en uno mismo y se hacen varios.
El Sr José Tuntar quería… quería ubicarse en otro mundo, otro tiempo, estaba muy confuso consigo mismo.
De repente… los segundos se detuvieron,  arrastraron a José hacia atrás, sus ganas de recrear otro universo se estaba realizando, se cayo…

 Despertó… ya no estaba en su casa, no, para nada. Una esquina despojada de edificios, entre nieblas y lloviznas hacían resonar otros modismos:

“Usted ah caído en un balurdo ,jejejejeje” Escuchaba José Tuntar.  

Salían de la esquina: voces, risas socarronas. También con traje de gran bacanal salía un compadre. Junto a este salía un  hombre de impronta milonguera bailando tangos de Saborido “Que genial músico, gran pianista” Replicaba José al escuchar su música.

En otra esquina, de la vereda de enfrente… otro hombre, trajeado, engominado; de camisa almidonada, bigotes respingados y dé gestos inefables miraba con atención la escena, no se inmutaba. Jose Tuntar estaba ahí. Se acerco para preguntarle si tenia fuego, estaba asombrado por lo que había pasado. Era otro tiempo,  al cual José Tuntar no pertenecía.

¿Disculpe, tiene fuego? –Le pregunto Jose Tuntar al señor.

-“Vos fumas. No fumes. Yo  vine de la región mesopotámica, la región de la yarará; a los seis años mi padre murió, espicho; como espicharon los indios con la llegada de los colonizadores. Flaco no te permitas morir sin tu Nación, sin tu tango, no te permitas buscar mas allá del ancho Rio de la plata tu manera pa vivir. El gringo Juan de Solis y sus barcos tocaron  a cielo limpio el puerto de nuestro rio. Bajaron más gringos. Fuma del tabaco que crece y no de ese paquete” Replico aquel señor

¿No entiendo? Contesto José

“Hay barcos que han llegado; sus proas sevillanas tocaron el puerto, lanzaron sus anclas ¿Has visto esto?  Esto es Palermo, más allá muchacho, en el sur, esta la boca, un barrio, allá hasta hace poco tiempo el malambo, el candombe, el tango negro se bailaba, ahora se baila sevillana . La Nación esta espichando con tabaco gringo, se esta yendo el porteño. Juan de Solis nos trajo trucos, gringos, nacimiento de criollos y flores, nos dio vino, carne ¡Su calle ahora por inaugurarse se llamará Solis! En fin, somos porteños ¿Entendes?”- Pregunto-

 Jose Tuntar se tambaleo, bajo la mirada y respondió: “Si. Es muy conocido, yo conozco esa calle Solis, es más hay un cuento de un escritor ¡Gran escritor! Llamado Jorge Luís Borges qué en forma de poema refiere a esto que usted dice. El poema se llama (Fundación mítica de la ciudad de la ciudad de Bs.As) Del libro: Evaristo Carriego”.

-¿Cómo se llama el libro?- Con Ojos grandes y vociferando, pregunto

“Evaristo Carriego, señor”-Respondió Jose Tuntar con una mirada aniñada

 “¡Esa persona soy yo!” Replico el señor de camisa almidonada. “Lo conozco a ese muchacho Borges, es un excelente escritor, lo tildan de simbolista, universalista y varias cosas más. Es más ¿Escuchas esas voces?”

“¡Flor, contraflor al partido!” – Se escuchaba desde adentro de los  almacenes de enfrente. Grandes almacenes que vendían vinos rosados, claretes y tintos.

“Ahí debe estar ese Borges fundando su alegría con el truco, sale todos los días a jugar, es hijo de criollos, es un porteño de este barrio hermoso, anda siempre por las calles Serrano y Paraguay, mira mucho a la gente, como yo. Me sorprendió la vez pasada como miro a los caballeros de aquel auto negro fumar habanos. Acá a la vuelta recita algunos poemas suyos, acá, en una manzana despoblada, es un gringuito alfabetizado” Comento aquel señor

 A lo que José Tuntar pregunto: ¿Usted habla con el?                

“No, no hablo, me da la impresión que es un Juan Díaz de Solís, habla el ingles muy bien, me da miedo, habla de las posibilidades de sembrar rosas en el desierto y de que el humo de los habanos que el ve, cuando se entrecruzan con en el truco, purifican el ambiente ¡Medio raro!”
El señor se acomodo el cuello de su camisa y le dijo a José: “Bueno es hora de irme,  disfruta de mi barrio y de esta rara cultura, mezclada. Recordá que en algún futuro aquí habrá edificios y varios gringos más, y se llamaran porteños"

Ese señor que decía llamarse Evaristo Carriego y Jose Tuntar se habían saludado.

Jose Tuntar lo había  escuchado,  había hablado, había visto todo, de la vereda de enfrente. Se quedó pensando, allá por el año 29; año en el que el golpe, después de la lectura, lo había depositado en ese almanaque que el quería ¿Que barrió sería ese? ¿Seria Palermo realmente?

 El otro libro que sostenía a las Antologías Borgeanas era también de Jorge Luís Borges, llamado: Evaristo Carriego.

Ahora Jose Tuntar sabe por que un gran escritor, cuestionado, tributa a otro. Si Evaristo Carriego se hubiese enterado de la admiración que Borges le tenía; tal vez se habría acercado a Borges. Lo raro de este relato es que Evaristo Carriego murió el  13 de octubre de 1912, gran escritor comentan que fue.
Dicen ahora que:
Nuestro querido Jose Tuntar no volvió jamás al año 2002. Se dio la el gusto de quedarse allí, en ese año, en el 29, sin tele y con más códigos, entre criollos, gringos o porteños; en un crisol de identidad única ; esperando a Borges para saludarlo por su “Fundación mítica de BS.AS”  y para decirle que el haber hablado con Evaristo hizo que José entendiera aquel poema. Ahora, en fin, como hubiese dicho Jorge Luís Borges “Jose Tuntar recuerda su futuro”


miércoles, 25 de mayo de 2011

Detrás de un ronquido

Tiene enredado los pelos en una entelequia burlesca… demasiado burlesca. Verde, profusa de cronopios separados de los márgenes. Alberga sus  piernas en la necesidad del descanso. Se mete en las vecindades del onirismo bajando sus parpados. El líquido sueño se presenta a un par de metros. Desdibuja su distancia anclándola a su sombra. El plano inconsciente esta claro, demasiado, y el sol corrompe el itinerario ofreciendo distancias hacia el. El punto de partida en el que sabía estar resurge y se construye nuevamente entre las cosas que tenía para decir. Las formas y las figuras fónicas tropiezan  junto a su narcolepsia, apnea, sinapsis, disfemia. Su lengua se traba. Enmarañada de impulsos, se agita  y puede deshacerse del tiempo,  del espacio. El desasosiego de no poder hablar lo traslada, aún ahí… intacto, inmóvil, perenne y sinéstesico, sobre los turnos de una inmediatez  que, en su afán de existir, desdeña las estructuras estridentes del sonido nacientes de la languidez ordenada. La vigilia lo envuelve, lo zamarrea con beligerante frenesí, lo respira, lo gira, lo despierta. 

lunes, 2 de mayo de 2011

SIMPLES DIBUJOS

Habiendo encajonado las prenociones  en el vetusto cajón de la incertidumbre, se propuso atrasar, detenerse en el golpe permanente, en la furia temprana, en un sistema presente. Acomodo todo infierno, pagó y se indujo en la quietud de la inercia. Repudio aquella noción de inmovilidad. Inquieto estaba el que había tenido tal seguridad de guardar alguna idea en el cajón. Fue nuevamente, como bailando y riendo, hacia atrás. Vio lemas, coronas, refranes. Se sometió a un nuevo artilugio, en busca de formas. Corrió la cortina, pasó las manos sobre la nimiedad transparente del vidrio. Se quedó, exhaló y mancho la superficie al preguntar- ¿Que hago?- calló y vio la sobriedad de su aliento. Jugó. Ahora, dicen algunos, escribe su pasado sobre la ventana.