Graciela Vergel, poeta gesellina leyó, en el ciclo La Poesía y el Mar, que conduce el periodista, poeta y guionista, Anibal Zaldivar, este poema de Joaquín Giannuzzi.
Voz en off y edición sonora: Leo Baldo
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Poema:
SUEÑO DEL NADADOR
El nadador ha pulido
su artesanía de joven felino
para corresponder
a los principios míticos del agua./
La coreografía empieza desde un punto/
aéreo, elastizado,
donde el filo del trampolín revela/
la soledad de una energía
concentrada en suspenso y en el cielo./
El conjunto se afina hasta crear/
una mínima carne liberada
de carga emocional. Ahora solo basta/
el pulmón feliz. Suelta su amarra/
la tensionada fibra, se desprende, salta
y en rápida parábola
entra como un cuchillo en un reinado lento.
El agua vibra al sol como estrellada./
Convertida en mujer
con un baile en su seno se incorpora/
una segunda alegría. El huésped cae
y largamente se demora abajo
como probando/
la impune gracia de permanecer/
para siempre en la azul profundidad,
palpando sus opciones
y sus posibles sueños venideros.
Pero aquí vuelve, sacudiendo un resto/
de ensoñación goteada
a su estado mortal, con paso herido,/
al triste error, vacilando
entre rígidos objetos aplastados/
y su cuadrado peso.
me saluda. Me deja dos canciones de Pito Faez, luego del abrazo virtual protagonista en tiempos de encerrona. Lo saludo, le digo que lo quiero. Se corta la conversa vía aparato que es extensión de nuestros cuerpos como dijo el canadiense McLuhan.
Por la noche, mientras el fuego comenzaba a tomar forma frente a la casa de Juanito, otra vez, un mensaje: Wolf o Miller recordándome que el 20 de julio es el cumple del tipo que le cantó a una sociedad sin abrazos, que seguramente prefiguró en tiempos de “libertad” la cuarentena en la que su país vive desde las épocas con estornudos “sanos”.
Cumple de Cris. Cumple del tipo que ayudó a Vedder para que mandara todo su pánico escénico al deshuasadero de los miedos.
Finalizo: De algo estoy seguro, amigo Pedro, Cornellio dio tanto amor que se fue temprano. Igual que los perros, que se van temprano porque entregan su corazón en este mundo que le teme a los abrazos. Cornellio abrazó a Eduardo, a Andrés, a Layne. Igual que usted. Cornellio dejó tanto que necesitaremos, al menos, vivir tres vidas terrenales para interpretar todo eso que algunos decidieron configurar bajo las narrativas del “espectáculo”. Algo que él, claramente, jamás quiso abrazar.
Jorge Lalomar. Urraquiano de nacimiento, ex beibolista y
enemigo de todas las personas que iban a La Cueva a disfrutar de la canción
emblemática de Moris.
"El muy pelotudo", dicen sus detractores, sufría de la compulsión de perseguir
osos con un bate barnizado por su padre. Los corría, pero nada les hacía. Nada.
Algunas personas que lo conocen relatan que el garrote es como un abrazo para Jorge.
Cierto día, un grizzly grandote, fanático del salto de trucha a la vera
de la cascada, interpretó que Lalomar necesitaba de un amigo. Y se dió: Pasean, hoy,
juntos en un teleférico que no se detiene desde hace 15 años. Dicen por ahí que
el amigo garrotero del abrazo quedó encerrado en la palabra "oso".
Jorge nació un 14 de Julio de 1945 en Urraquia, partido de Los Toldos, prov de Bs
As. Hoy vive en Kamchatka (Siberia) y anda en cuero.
¡Feliz cumple, genio!! Bella amistad la que tienen.