lunes, 26 de diciembre de 2022

Red



Se escribe atrapando la palabra
sin violencia,
ni control.
Atrapar como otra cosa
como jugar
algo nos alcanza
nos libera
no hay red
Y así
El vocablo
ya no es virus
es antígeno
perdón, William
deprecación
que fluye
respira
gesta utopías
copas del mundo
bebe el pueblo
mundo en las copas
posibles acciones
prefiguramos
el verso exhala
llega otra estrofa
se desconoce con el tiempo en la velocidad de lo escrito
esperanza en eso "nuevo"

miércoles, 14 de diciembre de 2022

Nunca son las nubes

pasan los camiones con
acoplado a
diario,
en el pueblo,
cuando se ve tormenta
no cesan
siguen sus rutas
y
se escuchan truenos
ahí la agudeza del oyente amante del festival
eléctrico en el cielo
es que
algunos
provienen del suelo
el rodado fabrica algo similar
a eso
que
sucede al relámpago
la chapa, lo neumáticos y los fierros,
sobre el poso,
nunca son nubes

jueves, 17 de noviembre de 2022

Diciembre

 

Diciembre insalubre.

Mes estresante.

De acá, para allá.

Tránsito, bocinazos y choques.

Las sirenas.

(Ya que joden con la "empatía"; muy poca.)

La velocidad en eso de reunirse y comer hasta reventar.

Un digestivo y otro trago.

Diciembre enferma emociones y cuerpos. El calor, ayuda.

No funciona como cama fresca o césped para el descanso.

Diciembre, beligerancia radicalizada. Pirotecnia.

Mesas ordenadas por mandatos, muchas. Somos eso.

Rauda celebración, líquida, abrillantada.

Gritos.

Que las copas, en brindis, no estallen.

Que se escuche el árbol.

El agua.

Vaya soledad

 

Vaya soledad, en gran porción, que hay

       en esa interminable

interacción  

                     en este entorno

y en aquel

              otro

                              llamado wtsp.

Vaya soledad , hecha de una sola pieza

     SIEMPRE

Está quien dice lo que dice y no es interpretado.


                       Vaya soledad

    La oración como silencio que se discute

Humana solución

 

Delicatessen, la historia de los Andes, los náufragos en la novela de Melville.

La vez pasada me encontré conmigo mismo en un bar. Como dice una canción de Joy Division, “era yo a la espera de mi”. Desdoblaje.

La cosa es que nos sentamos en una mesa situada al costado de calle 10 de la ciudad en la que vivo, 25 de mayo. La localidad es fuerte en su producción agrícola y ganadera. Al bar concurren muchas personas que preconizan comer menos carne. Se nos hizo carne. El consumo desmedido de seres, nos rompe el alma.

-Yo ya tengo la solución. Hay que comer carne humana.

-¡Vos estás re chapa, Butaca!!

-¿ Por qué? De última le cagamos el negocio a las casas de sepelios o, hacemos el sepelio y después, un Jorge asado.

- No va con la religión. Es blasfemo, diría mi tía. Ni con la moral, la ética y eso.

-Tu tía jamás probó un Daniel, una Graciela o un Sergio a la parrilla. ¿Sabés la cantidad de tribus que morfaron carne humana?

- Sé de pocas. La más conocida, la tribu Rockefeller. ¿No?

-Bueno. La civilización con su razón interpela a todas estas personas que andan por acá. No quieren comer animales, ¿entendiste? Hay uno que me tiene re podrido con la bordeadora y me enteré que come lentejas por no mofarse un pollito y quiere comer caaaarneee. Estoy esperando que palme y convencer a su familia. Aparte, es piola para terminar con el hambre.

-Estás loco.

-Puede ser, de hecho, estoy hablando conmigo mismo y vos me escuchás, pero por mí, el día en que me muera, que me morfen y quemen los huesos y que luego me recen. Que hagan lo que quieran. Me gustaría que me hagan a la cruz con un poco de barbacoa. El espíritu perdura.

-No me gusta la barbacoa-, respondió.

miércoles, 21 de septiembre de 2022

Gordo

 

He comido mucho durante toda mi vida y lo sigo haciendo. Durante mucho tiempo fui gordo. Cuando comencé a serlo, me lo decían y enseguida me enojaba, y capaz, me iba a las manos. Después no me quedó otra que aceptar las gastadas de una sociedad que se desconoce y de reírme de mi mismo. Llegó a gustarme que me dijeran "puflo", “bola”, “gomón”, “beluga” y demás cosas. Si, era todo eso y te llevaba a la hipérbole. Gordo, pelo largo, sin pelos, cachetes rosados, tetón. Una especie de jabalí depilado o de Bonadeo bonaerense (me cabía el gordo) que, al momento de entretener a mis compañeros, escondía cartucheras en mi panza y las expulsaba ombligamente unos 2 metros.

También he comido hasta reventar. Unos de los records, con 15 años, 13 empanadas caseras, fritas, de carne de vaca, hechas por mi abuela y cuatro milas a la napolitana, también caseras. Otra: volviendo de Córdoba, en La Carlota, era el único de mi familia que pesaba la comida y metía casi cerca de kilo y medio cuando los demás conocían solo la medida gramo. He festejado al enterarme que se iba a comer buseca o puchero de chancho, o asado, o parrillada, o arroz con pollo o mariscos. Mi vieja me llevaba a la nutricionista porque crecía para los costados y yo me escapaba a la casa de pepe (mi amigo) a comer chorizo o bondiola a las dos de la tarde. O capaz que cenaba asado los sábados y me iba a lo de cacho (un bar de mi pueblo) y me clavaba de postre una mila completa con salsa casera. Y me identificaba con Chris Farley o con Belushi.

Con el tiempo, algunos alimentos (muchos) se extinguen en medio de la cotidianeidad más apresurada y optamos por otros que son maravillosos. Una ensalada, legumbres, milanesas al horno, tartas, arroz, limón, banana, lavanda, semillas, cebolla, ajo, etc. Pero, en definitiva, sé lo que es ser gordo y disfrutar dionisiacamente de la comida hasta escuchar cómo se sube de peso. Los domingos, de entrada, pastas, y después se veía si se morfaba pollo o carne al horno con papas (crecí en una familia en la que el "primo piato" era infaltable). Ayer por la tarde regresé a mi gordura. La vi cuando mi vieja puso la fuente con tallarines y salsa sobre la mesa. Fermín, el sobrino de dos años, miró la fuente, sonrió y festejó. Yo le hice la segunda y lo acompañé. En realidad, todos los que estábamos en la mesa. Y , si, morfamos. Y ahí terminó. Epílogo, familia reunida.

 

Aclaración: quien lea esto como una apología al exceso desconoce la belleza de la cocina, del comer y del aprendizaje que ella demanda para con nuestros cuerpos.




viernes, 15 de octubre de 2021

Desafío de los Valientes, amistad dentro y fuera del mar



En Bahía San Blas se llevó a cabo otra histórica competencia que reunió a nadadores y nadadoras de aguas frías de todo el país los días 8, 9 y 10 de octubre

(Por Leonardo Baldo) Cuando viajamos generalmente nos basamos en un preconcepto sobre cómo será el lugar de destino, sobre sus propuestas a la hora de comer, su gente, sus calles. En definitiva, sobre su cultura. Cuando viajamos para compartir junto a demás personas una pasión todo eso se difumina tras una bruma intencionada para borrar esa expectativa. ¿Qué mejor expectativa que la pasión como lenguaje?

El pescador nos deja sus playas. Ya irá nuevamente por la abundante pesca variada y por esos tiburones, algunos en vías de extinción como el enorme y dentado escalandrum.

Ir hacia San Blas me tuvo los últimos días sin dormir. Mucho tiempo. La pasión vs el insomnio. Viajar hasta el Mar Argentino me decía que volvería a ver a las amigas y a los amigos con los que alguna vez compartí el mar de “La Feliz”, en agosto: euge, marce, Virginia, Laura. No fueron los Orcas, pero si ellos cuatro.

El desierto es la antesala a lo azul. Ganado, ñandúes que observan nuestro pasar detrás de los alambrados adyacentes al camino dificultoso de canto rodado.

Llegar, llegar, solo llegar. Paula maneja. Llegar. Pasamos la ría, pulmón de otro mar que se abre curvadamente y presenta aguas mansas con ostras en sus fondos. Grandes ostras ostentadas por lugareños y foráneos: uno de los moluscos más caros.

Sergio, con quien había hablado días antes; va de acá para allá. Phoenix Group organizó el evento con la colaboración de la Dirección de Deportes del Municipio de Carmen De Patagones, a cargo Eliana Pugnaloni.

Es de mañana. Hace calor. Sergio vuelve y nos relata que Gastón, el dueño de las cabañas donde se alojará el grupo de nadadores, está en Stroeder (un pueblo aledaño). Al rato cae el Topo detrás de su gran máquina fotográfica que registra braceadas dentro del agua y brazadas, fuera. Topo viene acompañado por su esposa; por Cecilia, su esposo y su hijo; por la nadadora en maya que se la banca en los 2000 en aguas frías y por el señor Mouré, de temple taciturno.

Soy el nadador. Somos los nadadores, señores.

Gladys, la campeona de Sudamérica operada de la cadera arriba junto a su esposo: el señor tiempos, ese señor que no nada, que se llama Ángel y que en etapa previa a la competencia calienta al estilo Ian Torphe para tierra.

Ya está Pablo, el metódico nadador que viene desde Burzaco y que también lo hará en cuero. Ya están todos. La gente de Phoenix Group no para. Nos atienden de la mejor manera, porque los nadadores y nadadoras arribaron a la bahía. Los hay completos, de esos que nadan competencia y de esos que nadan distancias largas y de esos que nadan las dos. Sebastián, un muchacho enorme oriundo de Viedma, me sorprende con su relato sobre esa vez que nadó 23 horas sin parar y apolilló en la última ola. Además, el gran superhumano, fue quien hizo el Beagle en cuero. ¿Exigir el cuerpo o exigirse para lograr la felicidad?

El agua está fría, lo sabemos. Sopla el viento que acarrea secretos desde el océano. Ráfagas de calma que invitan a participar y dan respuestas. Brisa con sal. Gustavo y Otto encargados de las indicaciones y de la seguridad, analizan las corrientes del coloso azul oleoso.

El mar es amigo, es de esos que si los respetás te invitan a su casa. Y ahí vamos todos. En los mil. Papá Mercado llega junto a su hija Valeria (posiblemente compita en Rusia); él 500 metros y ella 1000. Foto, alegría mutua.

Almuerzo en el club. Comulgar, conocerse, mirarse, abrazarse. Las personas más veloces nos sugieren cómo nadar más rápidamente los 2000 del día siguiente. Lo tomamos. Que aleta, que neopreno, que maya. Por la tarde, al final, la chapuza en cuero se presenta como algo común para todo el grupo. Matías sonríe y agradece al cielo, y sonríe, y agradece al titán al que el hombre todavía desconoce por completo.

El devenir como brazada. Nadar hacia atrás y en contra de la deriva o en medio de la estoa y quedarse para reflexionar sobre cuántas veces hemos expresado en un lenguaje claro. Hay uno en San Blas: NATACIÓN EN AGUAS FRÍAS. Para todos representa lo mismo, no hay diversidad de significado.

Están por llegar esos 2000. Carlos me abraza. Vinimos juntos desde 25 con a Pau, Romina, Amparo y Bautista. Carlos, junto a Raúl, sebas, Martín y las chicas, hicieron el canal de Constitución. Fuera de la embarcación quedamos con pucho y Matías. Y al otro día se largan los 2000, y Gustavo gana, y detrás Valeria, Joaquina (otra enorme nadadora de Villa Cañás, de 13 años, que también irá a Rusia), Isabel (la guardavidas de brazos y piernas largas) y Gladys.

Cuesta, cuesta agua de ser. Martín, un señor de 76 años, me dice que le saco sus antiparras de un patadón en una de las vueltas por el circuito boyado. Y terminan esos 2000 en los que queremos estar por siempre.

Vemos el mar, y hay todo. Si, lo entendemos. Vemos agua y nos lleva al mar. Es la Pampa azul del gaucho que se pretendió con short, cansado, arriando el ganado, pero que la literatura argentina lo vistió para lo seco.

El Desafío de los Valientes, dicen, culminó a la noche, con una pata de ternera hecha por los organizadores, entrega de premios y baile. Y no hubo chapuza de madrugada. Muchos, chapuceamos nuestros labios en bebidas de festejo. El cuerpo no está tan alerta tras el trago. Estuvo bueno no hacerlo. Nos cuidamos. Los nadadores que sacan ese niño osado que guardan cuando se tiran al agua, no son boludos.

Y el topo se ríe. Y se ríe, y se ríe. Y el Desafío es eterno como cada recuerdo en el agua.

En fin:

Agua que calla

Lo más bello que tiene la natación es el silencio. No hay palabra que pueda pronunciarse durante el avance en el agua. No tiene sentido ante la nueva compañía que se forma en cada braceada. Si, tal vez surjan ciertos alaridos en la expulsión de aire antes de mirar al cielo. Y es así que uno desea, a pesar de su verborragia, ser pez para no decir con tullidas e incompletas, siempre, palabras.