jueves, 29 de octubre de 2009

MARADONA- RADONAMA

Un gol como metáfora… Maradona
Una hipérbole semántica de tiro libre… Maradona
Una aliteración de rabona… Maradona
Un anagrama es un penal, Nepal… Maradona
Una gambeta, desata tácitos imprevistos… Maradona

"Un muchacho es drogadicto", dicen… Es como Maradona
"Un muchacho ¿Saldrá de su villa?", preguntan... La villa, en el mundo, es Maradona

Un Napoleón, sin barcas, en la cancha… Maradona
Un tango, un Arlt, una discusión… Maradona
Un medico Doctor del fútbol, que lucha, que dice… Maradona
Una copa de oro mas festejada que nuestra democracia… Maradona
Un jugador pretendido por todo técnico… Maradona

Un salto de lunas, en el área, sobre gol con la mano en su luna…Maradona
Un chico de salta, de Ushuaia, dicen al unísono, con climas diferentes "¡Es el mejor, Maradona!"

Un respiro ante el comentario de fútbol sincero… Maradona
Una fuerza imprevista… Maradona
Una creencia… Varias.
Un imaginario social argento… Maradona
Un hombre, un ser humano, un genio del fútbol… Maradona
Un surrealista como “Barrilete cósmico” para un amigo del charco…Maradona

¡Feliz cumple diego!




sábado, 17 de octubre de 2009

El mundo en que vivimos

LONDRES.- El filósofo francés Michel Foucault llegó a la deprimente conclusión de que "el hombre no existe", que cada ser humano no es sino una larga secuencia de simulacros variopintos hechos, deshechos y rehechos por las circunstancias variables de la realidad en la que transcurre su existencia. Todavía más audaz, y acaso más frívolo, Jean Baudrillard fue más lejos y concluyó que aquello que creemos la realidad cuando abrazamos al ser amado o sopamos la pluma en un tintero, tampoco existe, porque la verdadera realidad en la que vive el bípedo contemporáneo no es el mundo que cree pisar sino las imágenes que fingen reflejarlo y que no son sino las interesadas y manipuladas versiones que dan de él los medios audiovisuales al servicio de los poderosos de este mundo.
Estas divertidas, brillantes y falaces fabricaciones intelectuales -así las creía yo al menos- acaban de recibir un sorprendente respaldo, una indicación concreta de que si las cosas no son así todavía, podrían llegar a serlo pronto, dadas las inquietantes características que va adoptando, aquí y allá, la civilización que nos rodea.
Voy a referirlo a mi manera, que no es la del filósofo, claro está, sino la, más modesta, de un contador de historias. Trasladémonos, allende el Atlántico, al centro de la Amazonía, hasta Manaos, capital del estado brasileño de Amazonas, famosa porque, a fines del siglo XIX y comienzos del XX, fue uno de los centros principales del boom del caucho, del que queda como recuerdo un teatro de ópera barroco donde cantó -o se dice que cantó- Carusso.
Hasta hace relativamente poco tiempo el rey de la pequeña pantalla, en Manaos y toda la vasta región amazónica, era un periodista y productor llamado Wallace Souza, que, fiel a su nombre detectivesco, dirigía en la televisión local un programa policíaco llamado Canal l ibre. En él se ventilaban, con descarnado realismo, los crímenes, asaltos, violaciones y demás ferocidades cotidianas con que, tanto en Brasil como en el resto del mundo, los canales de televisión suelen asegurar su codiciado rating halagando el morbo y los peores instintos del gran público televidente.
El éxito del programa era tal que Wallace Souza se hizo célebre y decidió, aprovechando la popularidad de que gozaba, saltar del periodismo audiovisual sensacionalista y truculento a la política (ambos no están tan lejos, después de todo). Lo consiguió con rapidez vertiginosa: en las últimas elecciones salió elegido diputado con la más alta votación en todo el estado de Amazonas. Este es el momento de máximo apogeo en la carrera pública de Wallace Souza, personaje fortachón, mostachudo y barbado, de ternos entallados y, según la prensa, gesticulador y carismático.
Cambio de escenario, dentro de la misma exótica y asfixiante ciudad amazónica. La policía local detiene a un rufián del lugar, ex policía y asesino a sueldo, de apelativo pomposo: Moacir Moa Jorge da Costa, sospechoso de un rosario de fechorías y hechos de sangre, entre ellos, asesinatos. Interrogado y ablandado con los métodos que no es imposible imaginar, confiesa. Sí, ha matado, pero no por maldad ni por codicia, sino profesionalmente, por encargo del flamante diputado y estrella mediática de la Amazonía: ¡Wallace Souza!
Después de sacudirse el trauma que semejante revelación les produce, los investigadores comienzan a atar cabos y las piezas encajan, como en un rompecabezas. Todos los crímenes que ha cometido o en los que ha participado Moacir Moa Jorge da Costa figuraron de manera estelar en los programas de Canal libre y, en todos ellos, las cámaras ubicuas y omniscientes del diputado llegaron al lugar del crimen al mismo tiempo que los asesinos.
La investigación produce este pasmoso resultado: Wallace Souza llevaba a cabo espeluznantes crímenes con el único designio de poder filmarlos antes de que lo hiciera alguno de sus competidores, para obtener las primicias que tenían enganchada a la vasta teleaudiencia, a la que alimentaba en cada programa con sangre, verismo y pestilencia a raudales. Para ello, había montado toda una infraestructura de colaboradores, diestros en la pistola y el cuchillo, seleccionados entre las propias fuerzas de la policía a la que -otra revelación- había estado asimilado.
Quince de ellos están ya en los incómodos calabozos de Manaos, pero no el héroe del macabro aquelarre, pues, siendo legislador y gozando de impunidad, la Asamblea Legislativa tiene antes que despojarlo de aquella para que pueda ser encarcelado y juzgado. ¿Lo será? Paciencia: lo dirá el futuro, y con abundancia de derivaciones y detalles, porque mi instinto me asegura que esta historia tiene para mucho rato.
Hasta aquí los hechos objetivos. Ahora, las conjeturas, acápites y especulaciones. Desde el punto de vista ético, ¿cómo juzgar a Wallace Souza? Es imposible negar que tenía una conciencia profesional desmesurada. Delinquió, sí, pero con la noble intención de servir a su público, de no defraudarlo, de seguir suministrándole aquel horror sanguinario que era su alimento preferido, lo que llevaba a todo Manaos a prender el televisor y buscar Canal l ibre con la ansiedad con que escarba su cajetilla el fumador o se lleva el trago a la boca el alcohólico.
¿Tiene Wallace Souza la entera responsabilidad de haber llegado a esos excesos punibles o la comparte con la miríada de morbosos, subnormales, pervertidos e imbéciles a los que ver mujeres desventradas, chiquillos decapitados, ancianos degollados, arreglos de cuentas de pandillas que se tasajean y entrematan hace pasar una noche divertida?
No es difícil, para cualquier aficionado a la esgrima intelectual, demostrar que Wallace Souza es un producto del siglo XXI, en el que la cultura predominante, en gran parte por la miseria que ha generado la televisión en su frenética carrera por conquistar audiencia escarbando en las sentinas de la vida, destruyendo la privacidad, explotando sin el menor escrúpulo las experiencias más indignas y degradantes, ha pulverizado todos los valores, trastocándolos, de manera que "divertir", "entretener", ha pasado a ser el valor supremo, la prioridad de prioridades, aunque, para conseguirlo, como hizo Wallace Souza, haya que disparar y hundir puñales en el prójimo. Desde este punto de vista, asesino y todo, el director y productor de Canal l ibre es un héroe, o un mártir, de la cultura que, con ayuda de la prodigiosa revolución audiovisual, hemos fabricado para nuestra época.
Desde otro punto de vista, el del "principio de realidad" pascaliano, hago mi autocrítica y reconozco que lo ocurrido en Manaos convierte las teorías (que antes me parecieron delirantes y sofistas) de un Foucault y un Baudrillard en algo que empieza a tener confirmación objetiva en este extraordinario mundo que nos ha tocado. Si Wallace Souza cometió esos crímenes sólo para convertirlos en imágenes, es evidente que, para él y para sus espectadores -aunque éstos fueran menos conscientes de ello que él-, la realidad real era menos importante, meramente subsidiaria o pretexto, de la realidad reflejada por las cámaras, las que, con su perfecta adecuación a los gustos del público, la recomponía, purgaba y recreaba de tal modo que fuera algo que la realidad real lo es sólo muy de cuando en cuando: excitante, terrible, divertida.
Wallace Souza es la primera demostración palpable de que el hombre no es una totalidad definida, sino una materia modelable y cambiante, una melcocha o greda a la que la dimensión imaginaria de la vida propulsada por el sistema educativo más universal y todopoderoso de la historia -las pantallas- va dando forma, realidad y cambiando al capricho de las modas.
Una última reflexión sobre las infortunadas víctimas inmoladas en el ara televisiva por los pistoleros a sueldo de Wallace Souza. ¿Cómo las elegía? ¿Con qué criterio? No se puede descartar que, si quedaba en él un residuo de escrúpulos morales de la época en que todavía era un ser humano, no uno de celuloide o plasma, las escogiera entre la ralea prostibularia, la fauna del ergástulo, para darse así una cierta coartada de justiciero. Pero lo más probable es que no, que, para alguien tan teratológicamente identificado con su profesión, el único criterio consistiera en señalar a las víctimas privilegiando a las que tenían mayor poder de atracción televisiva. Y no hay duda de que el asesinato de un truhán conmueve menos que el de una niña inocente, un ciudadano intachable o una señora embarazada.
¿No les gusta el mundo en que vivimos? Peor para ustedes, porque todo indica que ya no nos queda el antiguo recurso de apagar el aparato de televisión. Ahora, la televisión comienza a ser la vida misma y, nosotros, sus inexistentes comparsas.



Mario Vargas Llosa

martes, 6 de octubre de 2009

CUANDO DE PRONTO LOS CERROJOS DEL CREPÚSCULO...

Cuando de pronto los cerrojos del crepúsculo
ya no encerraron el largo gusano de mi dedo
ni maldijeron al mar enroscado en mi puño,
la boca del tiempo sorbió como una esponja
el ácido lechoso en cada gozne
y se tragó los líquidos del pecho hasta secarlo.

Cuando el mar de galaxia fue sorbido
y liberado todo el lecho seco del mar,
envié a mi criatura para explorar el globo,
el mismo globo de pelos y osamenta
que cosido a mí mismo por mi mente y mis nervios,
mi frasco de materia ligara a su costilla.

Mis fusibles calcularon el tiempo para impulsar su corazón,
él estalló, hecho polvo, hacia la luz
y celebró con el sol un pequeño sabático,
pero cuando los astros asumiendo su forma
dibujaron las briznas del sueño en sus ojos,
ahogó dentro de un sueño las magias de su padre.

Todo surgió armado de la tumba
el cáncer pelirrojo, vivo aún,
los ojos velados de cataratas con sus turbios tejidos;
algunos muertos deshicieron sus quijadas tupidas,
y hubo bolsas de sangre que soltaron sus moscas;
él supo de memoria el sendero de cruces funerarias.

El sueño navega las mareas del tiempo;
el áspero sargazo de la tumba
entrega a sus muertos en este mar tan laborioso;
y el sueño mudo rueda por los lechos
donde las sombras comen el alimento de los peces
y a través de las flores, emergen hacia el cielo.

Cuando de pronto giraron las tuercas del crepúsculo,
y la leche materna fue dura como arena,
envié a mi propio embajador hacia la luz;
por truco o por azar él se durmió
y por arte de magia se armó de una osamenta
para robarme los fluidos en su corazón.

Despierta, mi durmiente, hacia el sol,
trabajador en la mañana pueblerina
y deja a este soñoliento en el sitio en que yace;
han caído los cercos de la luz,
sólo quedan en pie los jinetes más diestros,
y hay mundos que cuelgan de los árboles.

DYLAN THOMAS

viernes, 25 de septiembre de 2009

UN CORAZON VIL



Guión, dirección y edición:Leonardo Baldo
Voz en off: Alici Carlucci

Alicia: Gracias por poner tu hermosa voz.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

POR

EL FLACO DEMUESTRA ESTAR MÁS ALLÁ CON ESTE TEMA. SLDS

Arbol
Hoja
Salto
Luz
Aproximacion
Mueble
Lana
Gusto
Pie
Te
Mar
Gas
Mirada
Nube
Loba
Dedo
Cal
Gesticulador
Hijo
Cama
Menta
Sien
Rey
Fin
Sol
Amigo
Cruz
Alga
Dado
Cielo
Riel
Estalactita
Mirador
Corazon
Hombre
Rayo
Felpa
Sed
Extremidad
Insolacion
Parecer
Clavo
Coito
Dios
Temor
Mujer
Por

Luis Alberto Spinetta

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Es necesario escribir

Phil Dick, pensador, onironauta, escritor y guionista norteamericano publicó alguna vez un excelente cuento llamado "Minority Report". En el mismo llevaba la  Sociedad de control de Gilles Deleuze al paroxismo de una posible: Sociedad de pre-control. Tal vez, lo que lean a continuaión, de tono absolutamente satirico, sea un vaticinio tipo Phil Dick. Gracias amigo, gracias por escribir... 


 ESTRÉS PREMATURO 

En el preciso instante en que una oficinista salía de su cubículo asfixiante después de trabajar 8 horas más 4 extras y un cartonero empujaba su remolque después de 10 agotantes horas, es que arranca esta historia. Saliendo del imponente edificio ella pensaba en ir a un after hours a alcholisarse y hacer algo sumamente loco, quizás para disfrazar lo molesto de su infelicidad. El, empujando su carro pasando frente al after pensaba”¡Que lindo trabajar en una oficina tener horarios fijos un auto una casa que se yo!” Ella llegando al alter. El parado, con la mirada lujuriosa, en la puerta. El amor a primera vista siempre es puesto en tela de juicio, lo cierto es que estos dos individuos fueron flechados a primera vista. Fue algo sumamente mágico una noche artística, apasionada, digna de una novela venezolana. El romance fue fugaz solo esa noche, sexo en la primera cita y nunca más cruzaron las miradas. Se extrañaron, se pensaron pero decidieron que para que sea inolvidable tenia que ser una sola noche, y cada cual sigue su rumbo de condena. Como es de esperarse en este tipo de historias, al mes de esta relación la chica descubrió un embarazo ¿De quien si no? Nunca más había tenido relaciones. A los 9 meses de esa rara historia es que nací yo. No soy una persona común, puesto que esta historia fue hace 2 años nada más. Mi nombre es Máximo, tengo 2 años ¡Si 2 años!! Ustedes se preguntaran asombrados: “¿Que hago relatando esto tan sueltamente? No es solo eso. Fumo cosas legales e ilegales, depende mi estado de ánimo. Tomo valium por las noches y lo bajo con 2 fernets con Coca bién a la cordobesa. Los fines de semana algún que otro saque de ilegalidad… todos entenderán. Dicen que soy la generación del futuro, nacemos estresados, reventados. Ya pelados de renegar y demás. 

 Autor: Nahuel Enrique Molinari