miércoles, 3 de febrero de 2010

Relato de un viaje

Decidimos renunciar a nuestros trabajos, para comenzar una nueva aventura.
No estábamos del todo seguros, pero era el momento, eso si lo sabíamos.
El tiempo de espera y las trabas que pasaron, le dieron un condimento especial a nuestro periplo.
El día esperado llego, un mundo nuevo por conocer, y comenzar de vuelta. Lejos, donde nadie nos conociera, otro idioma, otra cultura, y sobre todo alejado de nuestros seres queridos (quienes no se convencían, o tal vez no querían creer, para sentir que no nos iban a perder.)
El avión llego a su destino, en este caso era Denver en el estado de Colorado en Estados unidos. Al bajar del Avión, el frió traspasaba los huesos, era en el mes de Noviembre, cuando el invierno se empieza a sentir del todo en las tierras del norte.
Lo mas importante era llegar y llegamos, ahora el tema era para donde dirigirnos, la misión era llegar a recorrer lo máximo posible, una tarea no muy fácil para dos personas que solo sabían el idioma con lo que se aprendió en el colegio.
No lo pensamos demasiado, y decidimos tomar una camioneta hasta Aspen, una ciudad que sobra el trabajo en la época invernal gracias a su gran oferta hotelera y sus centros de ski. Al menos teníamos ese dato. Tuvimos la suerte de encontrar unas personas muy amables que nos hospedaron en su casa durante una semana. Hasta que pudiéramos encontrar un lugar para nosotros, pero el destino o la suerte, quiso q nos quedemos allí durante dos meses.
Al segundo día de llegar, a esta ciudad rocallosa conseguimos trabajo, la verdad el trabajo era duro. Pero la idea seguía firme, trabajar duro, conseguir algo de dinero para luego salir a recorrer otras ciudades. Por lo cual decidimos buscarnos dos trabajos. Yo conseguí un trabajo donde sacaba nieve por las mañanas, en la estación de buses, y el otro era por la noche como se diría en criollo de “mozo”.
Pasaron dos meses, y nuestro espíritu decidió partir de esa pequeña ciudad. Solo eso estaba claro. Decidimos tomarnos un Micro de larga distancia, las ofertas de los micros no eran buenas, había pocos horarios y decidimos recorrer los pueblitos, la idea era de irnos del centro de Estados unidos, y llegar a las costas californianas.
El primer micro salio bien temprano y llegamos a un pueblo llamado Grand Junction, un pueblo donde se siente y se ve la presencia del gran cañón del colorado que divide Colorado de nevada. Al llegar a la terminal de este pueblo, nos dimos cuenta que hacer otra conexión con otro micro era muy difícil, por lo cual, teníamos que ver que otras opciones nos ofrecía ese pequeño pueblito, ya era noche, y la terminal había cerrado. No teníamos donde alojarnos, esa noche dormimos en una plaza, donde nos hicimos amigos de una comunidad cristina, en la cual se daba comida a los “homeless” o los sin casa.
Esa noche fue muy extraña, un vagabundo nos ofreció a su esposa por 5 dólares, nos ofreció todo, hasta lo que no tenía. Lo que si no podemos olvidar es que fue muy amable, y nos compartió canciones con su armónica.
Fueron dos días, donde no sabíamos para donde ir. Lo cual la mejor opción era tomar un micro hasta el desierto de nevada. Y de allí hasta las vegas.
Esas dos noches, las pasamos entre el miedo, y el frió. Durante el día estábamos en la estación almorzando y esperando que se desocupe algún asiento del micro, ya que estaban reservados. Y en ese lugar no sobraban los hoteles. Me acuerdo de haber sentido una mezcla de miedo, que se me metía con el frió recorriendo todo mi cuerpo.
El momento llego, y nos dieron lugar en el autobús. Y emprendimos viaje hasta la ciudad del pecado. Sabíamos que no contábamos con mucho dinero, así que solo comíamos latas de conservas, arroz, galletas. Durante ese viaje adelgace 14 kilos.
Llegamos a las vegas, desde el desierto ya se veían esas inmensas luces, buscamos la comodidad de un hotel, solo por una noche, Nuestras espaldas necesitaban el confort de un colchón.
Hicimos recorrida de casinos, y decidimos de ahí tomarnos otro micro, hacia otra ciudad, pero ya por suerte lográbamos traspasar otro estado. Habíamos llegado a California. En este caso el pueblo era Stockton, una ciudad donde lo único que veíamos era raperos, pandillas, mucha violencia, y oferta de todo tipo de drogas. Por suerte en esta ciudad, logramos hacer una conexión rápida de micros, y decidimos largarnos a San francisco. Hacer la reseña de esta ciudad, podría llevarme otra historia aparte. Recuerdo que nos quedamos dos meses, hicimos muchos amigos, y logramos conseguir un lugar estable donde vivir. Para luego partir hacia el sur, ya que sus playas eran más calurosas, y el calor, empezaba a sentirse por las playas de San diego.
Un amigo o quizá un compañero circunstancial, nos alcanzo hasta esa ciudad mágica que limita con la ciudad de Tijuana en México, donde estuvimos aproximadamente un mes. Para luego de tantas aventuras, volver a nuestro país, con nuestras vidas.
Lo que podría decir, es q nunca, el y yo, volvimos a ser las mismas personas.



Félix Patricio Carol Augier

1 comentario:

  1. Hermosa vivencia puesta en el relato. Un abrazo y siga aqui.

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