miércoles, 1 de agosto de 2012

La sombra del ser yo


El placer… finito, difuso, de encontrarnos…fríos
Cuando nos caemos, poco a poco, en nuestros planteos
A gran velocidad, las circunstancias, se nos pegan, con inmanencia
Pareciendo ser genuinas, pero no, no lo son...
Nos alejamos con recelo.
Las conocemos, sabemos de éstas

Aquel planteo se transforma en patrones, a lo largo del descenso, en discursos intertextuales de la melancolía de ser.
Recorre entre gritos, por el túnel de la interrogación:
Dogmas, demagogias, doctrinas, yugos, penas y campos, de los campos; libros, monedas, bancos, drogas, divanes y silencios controlados por no ser disfrutados 
Y sigue…

“¿Están viajando por nuestro ser yo?” Pregunta el que camina
“¡Viajan!” Contesta el que observa

En el periplo, un reloj
Un picapedrero que molesta las muñecas 
Demarca aquel segundo de hacer, para no ser yo, para ser en tiempo
Ínfimo, a cuerdas, el reloj
De la mano de un alguien, que es lo que hace
Es segundo de hacer, para no verse en su abismo
No cae

Asciende; abruptamente…
Entre tonos blancos, ante el conocido lapsus retórico:
“No pierdas tu tiempo, haz algo”

El hombre no se ve, se respira, entre detractadas teorías
Que a ecos y queriendo ser escuchadas
“¡Lo que digo a través de esto es que quiero…!” Pero no dicen
El yo persigue su viaje en búsqueda de poder mirarse
Quiere su núcleo, su YO

Alguien de que quien sabemos, se acerca
Raudamente, aparece…
Un sol; casi borroso, es sombra de un mediodía
"¡De nuevo!"Grita el ocaso
“¿Ocaso? ¡Ocaso!” Preguntan y afirman las reverberancias inaudibles

La sombra gana en infaustas oportunidades al sol
Al retorno de pervivir en el abismo extenso de un caer
Al planteo delante del inconmensurable espejo cotidiano
Cuando nos preguntamos:
“¿Tan solo una sombra mía, eres…el ser Yo?”

2 comentarios:

  1. Una semblanza del existencialismo. Una historia del desconcierto. Muy Grande, Leo.

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arbolengo